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Monday, October 2nd, 2017

La naturaleza se puede comprar

Vivir en el centro de un Parque Natural es un privilegio al que resulta difícil poner precio

Villa con piscina en Bocairent

Si de algo presume la Comunitat Valenciana es de un entorno natural valioso, con enorme diversidad de flora y fauna, que se concentra en sus principales parques naturales. El de Sierra de Mariola, situado en el interior de las provincias de Alicante y Valencia, es apabullante. En sus más de 17.257 hectáreas, alberga el bosque de tejos más meridional de Europa, gran variedad de aves granívoras y hasta yacimientos arqueológicos del periodo neolítico. Pasear por el interior de este pulmón verde es una experiencia única; vivir en sus inmediaciones supone un auténtico privilegio. Y sin embargo, se encuentra al alcance de ciertos bolsillos.

Hay una singular casa campestre, ubicada en Bocairent, que se asienta sobre una parcela de 75.000 m2, en plena cima de una montaña de la sierra Mariola. Completamente integrada en el entorno, con vistas al valle y una espectacular piscina de desbordamiento infinito, podría suponerse que su precio es desorbitado. Pero lo cierto es que la propiedad, antes valorada en 2,5 millones, se vende ahora por 1.930.000 euros. En este precio no solo se valora el espectacular ambiente exterior, sino también las prestaciones interiores que la dotan de gran comodidad. El espacio soñado para el retiro, respirando aire limpio de la montaña, con vistas a un paisaje descomunal, y totalmente aislado de los mundanales ruidos de la ciudad.

Piscina con vistas a la sierra

La exclusiva villa combina el clasicismo de la piedra exterior, con la calidez de la madera y los acabados de acero en el interior. La situación del salón tras el ventanal acristalado permite disfrutar de las vistas arropado por la calidez del hogar, además de integrar una moderna cocina y una estancia en doble altura. En total la casa, de 350 m2, cuenta con cuatro dormitorios, tres baños y una magnífica terraza superior en la que abandonarse al buen tiempo durante los días para procrastinar. En ese instante (y solo por un instante), los árboles mecen con su silbido, la ciudad comienza a disiparse y uno olvida que se encuentra a menos de 40 minutos de Valencia.

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