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Wednesday, October 11th, 2017

Cuándo conviene comprar para reformar

Mejorar el legado que se recibe tiene algo de romántico, pero disponerse a reformar también genera rentabilidad dentro del mercado inmobiliario

Suelos hidráulicos en València

El furor por las reformas parece haberse instalado en la televisión y, en consecuencia, en la vida cotidiana. No son pocos los que asumen la compra de un inmueble como inversión, pero no solo para alquilar, ni tan siquiera para proceder a una venta posterior que les reporte rentabilidad, sino para crear una casa a su gusto. El trance de la reforma es arduo, pero ofrece recompensas a quienes estén dispuestos a atravesarlo. Además de llegar a poseer inmuebles por un precio muy interesante, es posible personalizar al máximo el inmueble y devolverlo al mercado mejor de lo que estaba, siempre que se tengan en cuenta criterios como la cuantía invertida, la correcta rehabilitación o el uso final que se pretenda dar a la casa, entre otros.

La pregunta obvia es: “Ya, pero ¿cuándo conviene reformar un inmueble?”. Cuando su precio de mercado sea muy inferior al del resto de casas en la misma localización, puede parecer que estamos ante un buen negocio. Ahora bien, con matices. Es necesario investigar sobre las zonas, ya que pagar precios muy bajos en barrios de nivel alto es contraproducente, mientras que las viviendas caras en zonas baratas no producen rentabilidad. El estado de conservación  también es muy importante. Conviene contratar a un inspector técnico, responsable de valorar todos los aspectos estructurales, por mucho que la apariencia del hogar nos haya seducido. En última instancia, recurrir a una tasación nos dará una visión real de lo que merece la pena pagar.

Finca histórica en Rocafort

Nunca intentes hacer la reforma sin el consejo de un experto. Una buena rehabilitación puede incrementar el valor de la vivienda, incluso duplicarlo, y ofrecer una rentabilidad al inversor de entre el 15% y el 20%. Sin embargo, las malas reformas son una ruina. Es mejor dejar a un lado las chapuzas, porque los problemas estructurales pueden lastrar la casa en el mercado. Las excentricidades (cada quien tiene las suyas) también deben moderarse, porque pese a que la casa se haya comprado para ser vivida, es probable que después lleguen otros propietarios. Las tendencias de mercado son amigas. No se trata de renunciar a ese alicatado que tanto te gusta, sino de suavizar los colores, o de sopesar que por mucho que tu dormitorio sea tu santuario, los futuros visitantes valorarán más un salón con buena distribución o una cocina moderna.

Hay quien recomienda comprar una casa para reformar solamente a quienes vayan a vivir en ella, pero lo cierto es que una casa antigua, con el consiguiente trabajo invertido, puede reportar un gran beneficio en alquiler y venta. A la hora de realizar la operación de traspaso, hay que mostrarse realista. Si se ha realizado un lavado de cara (quizá lo menos recomendable), no se puede apostar por un precio muy exigente, algo que se torna bien distinto en caso de haber acometido la rehabilitación en su totalidad. Sobre todo, flexibilidad. Tal vez hayas imaginado un futuro determinado, pero el presente sea bien diferente (que no peor) con lo que solo te quedará actuar de manera juiciosa. Sea como sea, mejorar el legado que se recibe siempre es romántico.

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